Noche en Cambridge

¿Existe algo más bonito que la ciudad de Cambridge? Ante esta pregunta solo existe una posible respuesta. ¡Sí! Cambridge de noche. No es una de las recomendaciones que os harán en la oficina de turismo, ni una de las múltiples actividades sugeridas en las páginas de internet. Pero nadie que venga a Cambridge puede marcharse sin conocer la otra cara de la ciudad, tan diferentes la una de la otra como el yin y el yan. Literalmente, la noche y el día.

Durante el día Cambridge es una ciudad despierta y vivaz. Oleadas de gente recorren sus calles y admiran sus edificios, visitan sus tiendas y degustan las delicias de los restaurantes. No solo turistas, si no también estudiantes, trabajadores, abuelos con sus nietos, escolares, etc. aprovechan al máximo las horas de luz disfrutando de la ciudad.

Pero… ¿Qué pasa por la noche? Por la noche Cambridge se transforma. Cuando se va la luz, y en invierno llega a ocurrir hacia las cuatro de la tarde, el ritmo de la ciudad empieza a ralentizarse. Las tiendas cierran, los horarios de trabajo llegan a su fin, la gente vuelve a casa, y hacia las siete u ocho de la tarde, Cambridge duerme. Es en este momento cuando el turista tiene dos opciones. Puede volver al hotel para disfrutar de un merecido descanso, haciendo una parada antes en alguno de los numerosos pubs, o puede lanzarse a la aventura y descubrir una faceta de Cambridge totalmente desconocida.

Cabina Telefónica Tradicional de Inglaterra
Cabina Telefónica Tradicional de Inglaterra

La opción numero B es solo para los valientes. Enfundarse en los guantes y atarse fuertemente la bufanda al cuello para enfrentar el viento frio de invierno requiere mucho valor, pero pese a todo merece la pena. Las calles se encienden al anochecer, pero la iluminación de las farolas es muy suave y tenue. Esto confiere a los edificios una luz anaranjada que los envuelve en una neblina más propia de una imagen sacada de un libro de cuentos que de la vida real. Se crea una atmosfera de irrealidad en la que los ecos de nuestros pasos rebotan en las paredes de los centenarios edificios, que nunca antes habían parecido tan medievales.

No solo las calles, sino también todos los colleges e Iglesias de Cambridge se convierten en edificios de cuento. El proceso empieza cuando anochece lentamente transformando el cielo en un lienzo de azul profundo, pero no oscuro, sobre el que se recortan los edificios, ya oscuros. En ningún momento mejor que en este se puede apreciar el contraste entre cielo y tierra, de las almenas y de las torres sobre el cielo azulado.

Poco a poco las ventanas de los edificios se van iluminando, proyectando hacia el mundo exterior pequeños retazos de las vidas de sus habitantes, como si fueran cajitas de cálida luz frente al frio de las calles. Y también el rio cobra nueva vida: las punts ya no recorren sus aguas, si no que descansan atadas a los muelles de los colleges, balanceándose sobre las olas, y en ocasiones sirviendo de cama a los patos, originales habitantes del rio.

Barcas durante la noche
Barcas durante la noche

Pese a lo irreal de la atmósfera, o quizás debido a ella, los puentes todavía comunican con los backs de los colleges, lo que permite un paseo durante el que apreciar la iluminación de estos edificios en su conjunto, desde una distancia un poco más lejana. Todo esto bajo un cielo cubierto de estrellas, más de las imaginadas para una noche urbana.

Al igual que una caja de secretos cuando se abre, por la noche Cambridge se transforma y descubre maravillas ocultas bajo la luz del día. Y por una vez, que anochezca tan pronto es casi una ventaja, que permite que nuestra aventura por Cambridge pueda empezar antes.

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