En un agujero en el suelo, vivía un Hobbit

¡Qué gran frase de apertura! Muchos novelistas alertan de la importancia de comenzar una obra con fuerza, con una frase poderosa que se grabe en la mente del lector. ¿Quién no se acuerda de aquel lugar de la Mancha? ¿Quién no ha estado frente al pelotón de fusilamiento, codo con codo con el coronel Aureliano Buendía? La frase con la que comienza El Hobbit, además de pegadiza, esconde una historia curiosa.

En algún momento entre 1930 y 1931 Tolkien, por entonces Rawlinson and Bosworth professor of anglo-saxon en Pembroke College, Oxford, se encontraba corrigiendo exámenes cuando descubrió un regalo inesperado: una hoja en blanco, un alumno perezoso. Sobre ese trozo de papel virgen Tokien escribió una simple frase: en un agujero en el suelo, vivía un hobbit. Pero, cuando terminó de escribir, se quedó estupefacto: ¿qué demonios era un hobbit, y cuál era la historia de este hobbit en particular? Dispuesto a averiguarlo a toda costa se sentó en su escritorio, y la novela llamada El Hobbit estuvo terminada a finales de 1932. Aquellos que conocieron a Tolkien aseguraron que este tipo de conductas excéntricas eran habituales en él.

De cualquier modo, El Hobbit había sido escrito como un cuento para niños. Tolkien solía leérselo a sus hijos en las oscuras noches del invierno inglés y, aunque pronto se convirtió en un clásico familiar, el mundo no supo de él hasta 1936, cuando una mujer llamada Elaine Griffiths, amiga de la familia, lo leyó casi por casualidad y quedó impresionada. Elaine tenía un contacto en la editorial Allen & Unwin, y consiguió que el editor aceptara echarle un vistazo. La historia se complica aún más, y es que el señor Unwin no tenía tiempo de leer chorradas sobre hobbits, enanos y dragones, de modo que le pidió a su hijo Rayner, de 10 años, que leyera el manuscrito y escribiera una reseña. Esta fue favorable y su padre decidió hacer caso al muchacho: El Hobbit se publicó en 1937 y fue un éxito abrumador e inmediato: menos de dos meses después de su aparición se agotó la primera edición; a día de hoy, se han vendido más de 100 millones de copias en todo el mundo y se ha traducido a más de 40 idiomas.

Escrito sobre El Hobbit
Escrito sobre El Hobbit

Pero, aún más importante: el éxito comercial de El Hobbit convenció a los editores de la necesidad de publicar una segunda parte. Escritos anteriores (entre los que se contaba la versión primera de El Silmarillion) fueron rechazados, ya que se consideraba que el público “quería más hobbits”. En esta tesitura, Tolkien se puso a la faena: a finales de 1937 comenzó la redacción de lo que se llamaría, eventualmente, El Señor de los Anillos.

¡La Tierra Media le fue dada al mundo porque un estudiante perezoso decidió dejar su examen en blanco!

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